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5.3.08

Extrusión: Travesía de Toño - Cañuela

Extrusión
"Travesía de Toño - Cañuela"
(10/11/2007)
Texto: Antonio C.G.

Estoy jodidamente jodido, con una infección y un picor de garganta del demonio y una mala hostia que me roe por dentro. Atiborrado de amoxicilina 500mgr. Me da la risa y estoy furioso. Como si en un rodeo tuviera al caballo subido a la chepa y tratara de sacudírmelo dando coces y saltos. Hasta que lo hago. Y salta por el puto aire y va a estrellarse contra el jodido suelo. El jodido caballo queda estampado como un ésputo en el jodido suelo. El puto y radiante día esta jodidamente frío y me pongo un jodido gorro de forro polar. Me cago en los muertos de la puta cuesta. Pero a la cuesta no le encuentro ningún puto muerto.

Son dieciséis burgaleses y tienen la brillante idea de ir a la misma travesía que nosotros. Coches a Socueva, coches a Bustablado, coches a Socueva. Hemos visto cinco veces a la misma pareja que va de excursión desde Arredondo hacia no se sabe donde. Julio dice que si ve a la chica una vez más se va a enamorar sin remedio. Me parece que exagera para vacilarme. Lo intenta varias veces y tengo que recordarle que el horno no esta para roscas y que no debe vacilar a un ser debilitado por la enfermedad. A Pepe el paisaje de Cantabria le mola cantidad. Ha venido desde Madrid ayer viernes para recomenzar con la espeleo tras quince años de abandono. Manu pensaba que íbamos a salir de la travesía para la comida. Tengo que recordarle que hemos venido de espeleo y no de comilonas. De Eduardo y Fernando no hay nada que decir. De momento parecen dóciles.

Comenzamos el ascenso sin nadie detrás pero algunos por delante. Han abierto una pista hasta casi la mitad de subida. Alcanzamos a un paisano con dos mulas tercas y rebeldes que quieren volverse cuesta abajo. Una de las mulas se pone borde y le atizo con lo primero que tengo a mano: un gorrazo. Unos segundos después se le acumula un varazo en el lustroso lomo. Se le ponen las pilas en funcionamiento. Podría echarme una siesta a lomos de la mula y dejarme invadir por todos los sueños eróticos reprimidos durante la semana laboral mientras subo la cuesta sin dar un paso. Pero sigo arrastrándome hacia arriba a base de calcetín. Salimos al sol y me quito ropa de encima.

Manu y Julio empiezan a dudar de mi ruta hacia la Toño. Le doy cuartelillo a su paranoia: hemos cambiado de objetivo. Para no encontrarnos con la manada de burgaleses ahora vamos a Cueto. Por momentos el desconcierto crece como un circulo de brujas a mi alrededor. Pero este año no hay setas. Solo ruedas de coche aplastándolo todo a su paso. Y aviones pedorreando el cielo azul. El mito de Atila renace como cambio climático forever.

Un avellano indica con el bailoteo de sus hojas el punto exacto del agujero que exuda una columna de aire más caliente que el exterior. Me he escrito una chuleta para no dudar de las longitudes de los pozos. Así puedo decidir entre la cuerda de 40 y la de 55 que llevamos. Los tres primeros pozos, tranquilos y felices, dan paso a un pozo grande con una pequeña oscilación a la izquierda antes de llegar a su final. Mientras preparamos la entrada a la estrechez vertical empiezo a oír en la lejanía al primer grupo de burgaleses. Eduardo me ayuda a rescatar el seno de la cuerda que ha quedado enganchado en un saliente al equipar la estrechez. Me parece cada vez más ancha pero muy incómoda. Te sientes como la pasta de dientes cuando aprietas el tubo: saliendo por extrusión. Pepe se confunde y sigue, tras la estrechez, los cabos de cuerda hacia abajo. Por suerte se puede remontar sin problemas. Coloco una cuerda nueva en el siguiente pasamanos antes de los resaltes que preceden al pozo del péndulo. A las viejas solo les quedan tres hilos del alma. El siguiente pozo, del péndulo, tiene una vieja instalación -muy cutre- pero en el lugar adecuado, y una nueva -de acero inoxidable- pero que obliga a las cuerdas a un roce importante. Convendría retirarlo todo y colocar una buena instalación definitiva en el lugar adecuado. Los siguientes pozos -muy cortos- están equipados con cuerdas fijas aunque algunas ya no son fiables. El pozo grande siguiente (de 20+13) también está equipado con cuerda fija y con un desviador que convendría sustituir por un mero fraccionamiento. De todas formas el natural al que esta anclado el desviador es un puente poco fiable y un desviador ejerce menos fuerza que un fraccionamiento. Julio cambia la última posición con Pepe. Se ha sentido estresado por la cercanía de los burgaleses y cansado de recoger las cuerdas. Los siguientes tres pozos -de unos veinte metros cada uno- se hacen con comodidad y despreocupación. Tras el paso de un meandro estrecho y ventoso se desemboca en el balcón sobre la sala Oliver Guillaume. La instalación es excelente pero da un poco reparo la oscilación sobre el vacío a la que obliga.
Comemos a toda mandíbula en la sala y nos damos cuenta de que hemos perdido de oído a los burgaleses. Cuando estamos recogiendo para irnos éstos empiezan a bajar desde el balcón del techo. Se han fraccionado en un grupo de ocho y otro de seis.

La ruta de salida desciende a lo largo de la gran sala por una montaña de bloques hasta una zona más reducida -la Antesala- y continúa por galerías de 15X30 que nos llevan hasta las sierras. Las sierras de la Cañuela son las más hermosas que haya visto en todos las cuevas que he estado. Grandes, de hasta cinco metros o más de longitud, anchas y muy finas; con el borde dentado perfectamente definido. Me quedo flipado cada vez que las veo. Realmente estos políticos cántabros no tienen ni idea del patrimonio natural que almacena el subsuelo de su komunidad. Pero quizás sea mucho mejor así.

Antes de las siete estamos saliendo de la Cañuela. En su boca encontramos a dos burgaleses más que optaron por no masificar -aún más si cabe- la travesía. Luego de deshacer la movida de coches Socueva-Bustablado nos vamos a tomar líquidos al Marcos de Bustablado. El personal está contento de la actividad. En el bar hay varios paisanos con una gran cogorza. Intentan vendernos una cabaña en Socueva. Buena idea.

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