Hola amigos:

Espeleo50, es un colectivo de espeleólogos con mucha experiencia y federados en la FME.

Somos ya un poco maduritos, pero todavía con ganas de guerra.

Ahora ya podéis seguir nuestras nuevas aventuras en este blog.

Un saludo,

Espeleo50 team

18.11.06

THROUGH: Sima del Mazo Chico

Through (18/11/2006)



A día de hoy el Sur sigue soplando. Dentro de ti también. Y dentro de mí. Pero no te preocupes. Eso no significa nada especial. Tienes que acostumbrarte. No te va ocurrir nada. Las piedras resplandecen.
El sol aparece enrejado. Una masa gris se agazapa en la frontera sur del valle. Ramales no reconoce su deseo. Tampoco ellos. Ni siquiera tu. Cristóbal hilvana ideas mientras Wichi mueve sus manos sobre las cosas. Profusas, las imágenes se reparten cubriendo las paredes. Nos sentamos con cuidado. Manu esta a mi izquierda. Wichi justo al frente, a menos de un metro.
Primero llega Pedro. Casi seguido Ángel y Belén. Son más de las diez. Los pasteles calculan su trayectoria libremente. Héroe del reparto, no tomo croissant con nata. Ellos se van al Valle de Mena. Mientras observo, engarzo una cuña en la historia. Voy a tomar chocolate. Mientras, Wichi coge sus cosas.
Salimos por la puerta. Tiene un diseño peculiar. Regules. Luego La Gándara. Hay una piedra gorda en la carretera. No respira apenas. Y Astrana al final. O al principio. Recordaré la piedra –tranquilizo a Manu-. Todas las vacas andan rumiando. No ha lugar a invitaciones.
Ahora estamos junto a los coches. Dos coches, cuatro personas. 2X2. ¿Neopreno ya?, ¿neopreno en la boca de la sima?, ¿neopreno en el comienzo de las arrastradas?. Seguro que neopreno. Manu ya, los demás en la boca. Un reparto inconsciente. Llevo un bidón dentro de otro cortado. Ajuste matemático –me dice Wichi-. Sonrío.
La hemos tenido que buscar. Sima del Mazo Chico escondida entre los brezos. Tenemos rico chorizo y rico pan. Rico neopreno. Rico reparto de chismes. También tenemos un conducto rico con una ventanita al cielo. Y luego veo las primeras ricas cuerdas. Cristóbal cuelga ricamente. Manu observa todas las riquezas.



La vertical, corta, es acogedora. Los pensamientos claros, los colores limpios. Y al revés. Otra vertical corta. Es un escaqueo. Eso o hacer el gusano cinco metros. Entramos de lleno: un pozo reverberante. Sesenta a ochenta metros de negrura. Se abre, amplio, magnifico. Para empezar un corto péndulo, casi pasamanos, te pone las pilas. Una perfecta repisa te espera quince pisos más abajo. Cristóbal y la repisa están allí. El pozo se hunde hacia las profundidades. Setecientos metros de sima te esperan si vas por ahí.
Tenemos que cambiar de vía. Mientras Manu desciende Cristóbal prepara una señal catadióptrica en este punto. Todo a la izquierda trata de decir. Cambia de vía, trata de decir.


Se le amontona a Manu el fraccionamiento. Un poco de paciencia. Un poco de comunicación con los aparatos. Bichos raros. Dressler, croll, puño. Puño, dressler, croll. Croll dressler, puño. Tres permutaciones y quedan otras tres. Una locura profunda. Evanescente. Y vano.
El catadióptrico se parte al apretarlo. Un poco de cinta y queda guapo. Miro a Manu. Quince metros más abajo. Otro fraccionamiento: otra jodienda.
La sima nos vigila. Oigo su respiración alrededor de nosotros. Está viva. Me parece el camino hacia otro espacio diferente. Siempre me lo parecen. Las simas. Hacia otros mundos posibles. Busco otros mundos. Huyo de este mundo. Complemento este mundo. Todos los mundos son el mismo mundo. Todos los mundos están en este MUNDO. Charlamos.
Entramos en un meandro. Algo estrecho, obliga a llevar la saca colgando. O en la mano. Contorsiones y destrepes. Avanzo. Y retrocedo. Aparece otra cuerda de unos diez metros. La bajo. Luego aparece otra cuerda de unos diez metros. También la bajo. Luego hay barro cremoso en el suelo de una sala. Lo piso. Luego hay un agujero negro. Me paro.
Estoy parado mirando a Cristóbal. Sobre el agujero negro dos catenarias de cuerda. Unos diez metros de altura cada una. La primera es amplia. La segunda estrecha. Veo a Cristóbal bajar hasta casi el punto bajo de la primera comba. Luego le veo jalar de la cuerda hasta alcanzar los anclajes. Inoxidables. Y le veo trincarse. No parece más complicado que otras veces. Un péndulo muy abierto. Ahora me toca a mí. Dudo. ¿A que altura bloqueo?. El primer intento: demasiado alto, no llego. El segundo intento: demasiado bajo, necesito los dos brazos para mantenerme en posición, no puedo trincarme. El tercer intento: me pongo el croll y con el puño gano la partida.
La otra comba es un paseo. Una ventana alta, meandrosa, por la que desagua un arroyo y una corriente de viento. Es el camino. Cincuenta metros más de ese camino. La galería se inventa un cómodo vestidor. Allí dejamos los aparatos, ropa seca -solo algunos- y los restos de comodidad. A partir de aquí deberemos arrastrarnos por el arroyo. Como sapos.
Sigo a Cristóbal. Trato de controlar la mojadura. Dura. Tres arrastradas con entreactos discretos. Y llegamos a nuestro objetivo. La siguiente arrastrada es un laminador demasiado incómodo. Una bonita travesía o una jodida travesía. Esa es la diferencia entre ensancharlo o dejarlo al natural. Desembalamos. Tenemos la taladradora, una pata de cabra, un puntero, una azadilla, un bidón-balde y un gordo martillo. Y grandes dosis de confianza.
Poco tardan en llegar Manu y Wichi. Cristóbal devora un bocadillo. Yo devoro el tiempo. Wichi se pone a trabajar. Manu también devora algo. La travesía será bonita. Al otro lado las nuevas galerías del Mortero del Crucero, el río hasta la pequeña sima. Y su conexión con La Calaca. Si será bonita. Veinte veces lo diría.
Al cabo de un tiempo interminable hemos sacado suficientes piedras. Hemos apilado las piedras. Hemos cavado el lecho del río. Hemos engordado las tripas. Hemos vomitado veneno. Hemos tragado demasiado. Hemos participado en una rifa. Hemos pasado al otro lado.
Cristóbal se da un paseo por allá. Luego recogemos todo. Nadie quiere desinstalar. Sacar cuerdas no apetece. Nadie salvo Cristóbal. Responsable y trabajador. Muy responsable. No podemos escapar de su sermón. Estamos atrapados por Cristóbal. De pronto Wichi cambia a su bando. Él va a tener que subir el taladro. Los demás podemos sacar las cuerdas. No es para tanto. Se me enciende una lucecita. Yo subiré la saca del taladro. Y mis cosas. Vale. Luego Cristóbal me endosa una cuerda de 10 metros. Protesto pero me lo paso bien.
Miro hacia arriba. Veo una lucecita. Le grito que se quede quieto. Estoy en la base del pozo largo Pueden caer piedras. Wichi me grita que es Chavi. Vale. La cabecera es algo delicada –por las piedras-. Allí esta Chavi. Hablo un poco con él. Y continúo. Me queda poco. Fuera ya, el viento se manifiesta. Es fresco. Pero menos que la corriente del último conducto antes de la boca. Sale Manu y de seguido Cristóbal y Chavi. Manu tiene frío. Nos vamos a cambiarnos al coche. Al pasar Entremazos el decorado cambia y el viento arrecia. Las lucecitas del valle titilan. El sur esta enfrente.
Cristóbal se marcha corriendo. Ya llega tarde. Le echaran un rapapolvo. Los demás paramos en La Gándara a tomar unas cervezas. Luego seguimos el viaje. En Ramales es tarde de sábado. No nos apetece pasearnos. Nos vamos hacia casa.










11.11.06

CHIVOS MUERTOS

CHIVOS MUERTOS
(11/11/2006)
I.
¡Hola, estamos subiendo a Lunada!. Mogollón de niebla. 11ºC. La carretera se estrecha hasta un pelín y conduzco con pies de uranio. Estoy harto de subida. 10ºC. Manu no para de tararear un esquema musical que a veces me recuerda a un conocido bolero. Son ya las diez y media. 8ºC. De porrazo aparecen entre la niebla un mogollón de coches aparcados a la derecha de la carretera. No queda apenas sitio para meter otro. Viene corriendo un tipo a preguntarnos si más abajo, en dirección a Cantabria, despeja la niebla. Le desilusionamos sin compasión. Aparcado, contemplo las pocas ganas de Manu. Cambiar de indumentaria y soplar viento del norte que te moja. Hacer frío y caer chirimiri. Le dejo que se explaye. Y después de escuchar varias premoniciones de desastre abandono la idea de ir hacia Bustalveinte arrastrando su falta de entusiasmo.
Con alivio Manu sigue tarareando la misma canción mientras descendemos hacia San Roque. Ya cerca del pueblo submergemos de la niebla y podemos ver el paisaje. Las morrenas se aclaran. Atrevesando un rebaño de cabras guapas nos creemos cerca del espíritu de la montaña. Luego se embarranca el Miera. Más cabras con pastores, pastorcillos y cabritillos. Paro. Por nuestra ladera desemboca un barranquito coqueto. En la otra ladera del valle hay un

conjunto de agujeros llamativos. Ya los había mirado con interés en otras ocasiones. Pregunto a los pastores. Me encaminan a la Cueva de los Moros. Se la ve flotar por encima de unas cabañas cerca de Calseca. ¿No es la cueva que vinculan con Canto Encaramao?. Bajo un poco y aparco en un ensanche. Abajo el Río Miera forma unas pozas transparentes y golosas. Y nos colocamos encima los monos de espeleo.




II.

La pendiente es fuerte. Un par de fotos en las pozas de abajo. Como una promesa de venir a bañarme en tan guapo lugar. Como la aceptación completa. Mojarse. El río, abajo, ha tallado un enorme desplome dominado por paredes. Arriba, cornisas estrechas o menos estrechas. Montones de cagarrutas como señales de un camino practicable. La senda, por la cornisa, tiende a ser cómoda.
Nos colocamos encima de la enorme oquedad que exhibe la ladera. No hay bajada directa. Avanzamos un tanto más. Miramos veinte metros arriba de la canal. Descendemos hasta otra cornisa. Volvemos atrás. La oquedad es eso, solo una oquedad. La enorme galería que la forma esta perfectamente colmatada por sedimentos al fondo. Un estrato de varios palmos de grosor se extiende tapizando toda la cueva de mierda cabruna.





Mierda Cabruna



Retomamos la senda por la cornisa. Cien metros más. Llegamos al porche de otra cueva. Sale aire frío. Se avanza sin problemas hacia el interior. Encendemos los leds. Entramos hacia dentro de la tierra sintiendo el chorro de aire en la cara.

III.

Una cueva que se presenta a sí misma con un hito un reloj parado y viento. Extraordinaria impresión. No miro la hora del reloj. La primera bifurcación. Nos vamos por la izquierda. Salita. Más bifurcaciones. Un meandro estrecho y ascendente, mas o menos, hacia el norte. Al cabo de unas decenas de metros se acaban todas las posibilidades de continuar por allí. Volvemos mirando pequeñas galerías. Pasamos de nuevo por el reloj. Nos metemos hacia lo que parecen anchas galerías meandrosas. Así es. La impresión es de todo grande, todo laberíntico.
La hermosa galería promete hacia el norte y hacia el sur. Nos vamos al norte. Saltamos un desfonde. Dejamos varios desvíos para mirar después. Bajamos por una amplia arenera hasta el cauce de un riachuelo. Ahora solo tiene humedad. Me pregunto el sentido de las aguas. Manu mira también sin decidirlo. Avanzamos rápido. Comienza una zona cuestosa. Una pequeña trepada y alcanzo una colmatación caída de una chimenea. No es posible seguir. Ya volviendo escalo un resalte y alcanzo una gran chimenea por la que no se puede avanzar. Poco más allá destrepo hasta un meandrillo que se sifona por un pequeño charco. Nada que hacer.
Un poco más atrás volvemos al enlace con la salida y nos metemos por debajo hacia un nivel inferior. Lo alcanzamos por un cordino que alguien dejo. Me sorprende la liada de galerías. Yendo hacia el sur la galería se simplifica. Termina convertida en un tubo de presión por el que se avanza sin dificultades. Luego aparecen un par de resaltes, subida y bajada, para volver a convertirse en tubo. Finalmente emergemos a una galería grandona por una gatera bastante justa.
Hacia la derecha la galería se va estrechando hasta que una colmatación por sedimentos arenosos nos dice que no. Hacia la izquierda hay varios niveles que parecen entrelazarse. Avanzamos hasta llegar a una zona de bifurcaciones múltiples, confusa, con señales en varias direcciones. Me siento un poco perdido. O liado. Decidimos volver hacia la gatera. Sin embargo tengo la impresión de que hemos pasado ya por aquí.
Manu mira el reloj del hito. No es un reloj. Un termómetro tampoco es. ¿Un higrómetro?. Marca, parece que funciona, la humedad ambiental al 90%. Perfecto. Nos damos unas vueltas por las galerías que rodean este punto y descubrimos que todas desembocan por balcones altos encima de la ancha galería del comienzo...

El sol ha salido y nos ha engañado tontamente. El día hubiera permitido ir hacia Bustalveinte...Pero quizás nunca habríamos conocido la cueva de los Chivos Muertos. Ni la posible apertura de un barranquito, enfrente de esta cueva, en la otra ladera del valle. De todas formas, por añadir razones, luego vuelve a nublarse y a lloviznar. No hay nada especial. Solo el flujo que pasa. Taladrándonos el cerebro (¿o el alma?).

Cuando vuelvo a casa miro el libro de Pepe León:
Cueva de los Chivos Muertos.
Curiosa. Parece que tiene otra entrada, travesía cortita. Habrá que comprobar los flujos de aire

28.10.06

RIO MUNIO

MUNIO (28/10/2006)

I.

Ayer nos reunimos en el Polideportivo de la Universidad Noelia, Pablo, Eduardo, Rafael, Julio y Susana. Tardamos en fijar el objetivo de la salida. Por un lado estaba el tema de Mazo Chico - Crucero. Descartado por demasiada gente y demasiada complicación. El paso que puede sifonar está aun sin desobstruir. Por otro lado se barajaba la posibilidad de ir al Cuivo – Mortero. A mi no me apetecía por demasiado remojón de agua fría, todo el tiempo con neopreno. Finalmente la posibilidad que prospero fue la travesía Torca del Hombre – Río Munio. Travesía corta y sencilla, la dificultad esta en las dos horas y media de aproximación por un cuestón tremendo. La torca está en el Helguerón.
Nadie tenía ganas de pensar en preparativos de espeleo. Como cualquier otro viernes por la noche. Sin embargo Julio llevo a Susana a su casa (tenía prisa por preparar los trastos de la salida). Luego se junto conmigo, Pablo y Noelia en el bar de enfrente del Polideportivo. Estuvimos hablando de viajes. Entre otros de la ascensión de Pablo y Noelia al Kilimanjaro. Aclimatación súbita a la altitud es la técnica utilizada por los organizadores del treking. También hablamos de mi primer viaje de buceo al Mar Rojo. Pececitos de colores. La envidia de todo el mundo al que se lo cuento.

II.

Hemos quedado a las ocho y media en la gasolinera Adelma en Hoznayo. Voy muy retrasado. Me llaman para requedar en Solares. Pero al final volvemos a quedar en Hoznayo. Moisés y Susana vuelven a Santander a por algo que se les ha olvidado. Volvemos a quedar en Arredondo.
Rafael, Eduardo, Manu y Julio vienen en mi coche. Nos vamos por Ramales. Moisés y Susana van por Alisas. En Arredondo Manu se compra un bocata y vemos a Moisés pasar de largo hacia Asón. Andamos al traspiés.
Finalmente nos encontramos en el aparcamiento de Asón. Lleno de vida. Hay mucha gente comenzando excursiones. Nos enrollamos a preparar cosas: reparto de colectivo: cuerdas de 60, 40 y 45, equipo de espitar y dos morcillas de carburo. Ya parece todo preparado. Nos vamos suavemente hacia Rolacías.
En la primera casa esta un hombre muy mayor que vive con tres ancianos más y un niño que podría ser su nieto. Este hombre me llama poderosamente la atención siempre que le veo. Su forma elegante de envejecer. Su mirada es intensa y clara. La mayoría de los ancianos a los que miro a los ojos me devuelven una mirada sin brillo en la que no deseas bucear. En la segunda casa no aparece nadie. Ni siquiera los perros. Seguimos adelante.
Entramos en el bosque. Moisés lleva su pequeña Olympus en ristre. Se adelanta y se pone a los laterales para hacernos fotos. Finalmente dejo de hablar. Así me canso menos. El bosque esta seco. Parece verano en vez de otoño.
Al llegar a la confluencia del barranco que viene de la Sota paramos. El calor arrecia. Comienza a escucharse un ruido que va aumentando de volumen. Al principio pensamos en algo volador. Enseguida descubrimos nuestro error. Empiezan a llegar motos de trial que nos sobrepasan y siguen hacia arriba. Tras un primera tanda de unas quince motos viene una segunda tanda y después una tercera y después un cuarta y después... Finalmente llegan algunos rezagados. En particular llega uno que anda algo mal. Un par de compañeros le van esperando.
Hemos salido del bosque. El sol nos castiga sin misericordia. Seguimos muy de cerca al motorista rezagado y varias veces le adelantamos en sus descansos. Las motos se han acumulado en un tramo de la senda algo vertiginoso. Vamos ganado altura como podemos. Finalmente nos separamos de la ruta principal, por la que siguen las motos, y nos metemos hacia el Helguerón.
Hacemos un descanso bajo la sombra del contrafuerte que sostiene la meseta del Helguerón. Al poco llegan Julio y Susana. Nos ponemos en marcha hacia las cabañas. Desde la última penetramos en el bosque de hayas que llena un pequeño vallecito. Cruzándolo en diagonal hacia su margen derecho y siguiendo la pequeña pared que lo cierra nos encontramos con la boca de la Torca del Hombre. Aspira aire de forma manifiesta.
Comemos. Nos preparamos. Un colchón de hojas de haya se traga los objetos...

III.

Al comienzo todo va pesado. Yo también llevo algo que pesa. Me veo dando voces a Manu, que viene detrás ayudando a las cuerdas a moverse. Tardan. Empiezo a pensar que saldremos tardísimo por la boca de Río Munio. A las doce de la noche quizás. Preparo el primer pozo pasando la cuerda de sesenta por los dos maillons en vez de atar extremos y lanzar el mazo. De esa forma baja uniforme por el aéreo sin posibilidad de engancharse. Por fin consigo terminar. Manu me está mirando. Le doy las últimas recomendaciones. Me bajo en el ascensor.
Rafael baja al cabo de un rato. Eduardo tarda tanto que me inquieto: aterriza con las cuerdas liadas a todos los trastos que lleva. Ha estado haciendo fotos. Julio y Manu aterrizan sin novedad. El pozo, de casi sesenta metros, es un disfrute.
Siempre que comienzo una travesía me inquieta la no marcha atrás. Los anclajes del segundo pozo (12m) están muy oxidados y cutres. Los del tercero (8m) tampoco están mejores. Luego busco los del último pozo. Me cuesta un par de minutos recordar que hay que destrepar por un estrecho meandro unos metros y luego recorrerlo hasta alcanzar la cabecera.
Algunos anclajes de este cuarto pozo están en pésimo estado. Sobre todo uno de los maillons que aseguran el pasamanos se ha reducido a un montón de óxido a punto de cascar. Por suerte los anclajes fundamentales del pozo son parabolts que exhiben una salud pasable. De cualquier forma es una travesía que, en breve, deberá reinstalarse con acero inoxidable.
Este pozo (de entre 30 y 40 metros) te deposita en una sala cubierta de bloques al fondo de la cual murmura un arroyo. El recorrido principal sigue este arroyo hasta su confluencia con el torrente de Río Munio. Conlleva el paso de algunos laminadores bajos que, a veces, sifonan en crecidas. En principio esta ruta, que ya hice con César hace unos años, es la usual. Pero existe otra. Al llegar a una sala mediana el arroyo continua por una amplia galería de techo bajo. Sin embargo la aparición de unos hitos que nos sacan del arroyo nos engatusa. Los seguimos.
Al principio resulta muy evidente el recorrido. Varias anchas galerías. Pero de pronto todo se acaba en un cul de sac. Volvemos atrás y rebuscando unos segundos encontramos la continuación. Toda la corriente de aire se va por una pequeña galería. Una sucesión de estrecheces y salitas nos lleva por un camino ascendente hasta una ventana arenosa sobre el Río Munio. Hemos llegado al Balcón. Un resalte de unos quince metros equipado con dos fijaciones nos permite alcanzar el río.
Nos queda un paseo por anchas galerías acompañando al Río Munio. Sorteando los pequeños lagos que se forman. Y cuidando de no resbalar sobre la arenisca pulida o sobre los bloques. Especialmente resbaladizas son las rocas de la salida, húmedas y con una pátina vegetal.
Son las seis. Hemos tardado mucho menos de lo que esperaba. Nos desperezamos en la agradable tarde otoñal. Pero no nos dormimos. Comenzamos el descenso que haremos sin pausa hasta el aparcamiento. Mientras nos cambiamos, junto a la carretera, aparece un viejo compañero de escaladas y charlamos de todo un poco. Terminamos tomando unas cervezas en el bar Coventosa de Asón. Y, luego ya, escuchando blues de Tom Waits mientras volvemos hacia Santander.