Hola amigos:

Espeleo50, es un colectivo de espeleólogos con mucha experiencia y federados en la FME.

Somos ya un poco maduritos, pero todavía con ganas de guerra.

Ahora ya podéis seguir nuestras nuevas aventuras en este blog.

Un saludo,

Espeleo50 team

29.1.10

Exploración

Exploración (23/1/2010)
Por Antonio G. Corbalán

Todo fue bastante fácil en la reunión del Polideportivo (UNICAN) el viernes pasado. Manu, Miguel (SCC) y Luis querían seguir bregando en las exploraciones de Udías. Concretamente en la continuación del pasamanos que habíamos iniciado en diciembre pasado. El resto del grupo en activo decidieron hacer una visita a la Torca del Mostajo. Miguel, mi compañero habitual, se sumo al grupo explorador. Preparamos el material necesario, quedamos en Monpía a las diez menos cuarto y nos fuimos a dormir.
Manu había olvidado la saca de las baterías en casa y cuando se dio cuenta, en Monpía, volvio a buscarla con prisas. Mientras tanto continuamos a Puente de San Miguel para reunirnos con Luis. Nos encaminábamos a la mina de Sel del Haya por su entrada principal. Se trata del acceso más rápido hacia las galerías de la Luna Llena que estamos explorando. En algo más de media hora se accede a la zona cárstica por galerías mineras que conservan gran parte de sus instalaciones, aunque en un estado lamentable (ver: http://mti-cantabria.blogspot.com/2009/08/mina-hermosa-mina-sel-del-haya.html) Finalmente una desviación que apenas llama la atención conduce a un paso agaterado y se desemboca en la base del Pozo Pasteloso.
Mientras Miguel (SCC) y Manu se quedaban retirando algunas cuerdas del Pozo Pasteloso los tres restantes nos adelantamos hasta el cruce de la Galería de la Rana con el Meandro de las Excéntricas. Hicimos algunas fotos a las hermosas excéntricas de yeso que tapizan la galería y que van aumentado de tamaño, al alejarse por la galería, hasta hacerse arbóreas.
Luego nos movimos por una zona de cornisas arenosas y pequeños desfondes hacia el gran desfonde que íbamos a terminar de instalar. Miguel (SCC) y Luis partieron a revisar unos pozos en la Galería de la Rata, pequeño bucle que se forma con la de la Rana. El resto fuimos hasta el Púlpito Central del desfonde. Mientras Manu rumiaba lo qué iba a tener que trabajar, fui a escalar un pequeño resalte con la ayuda de Miguel. Un par de pasos algo resbalosos asegurados por un natural y se me acabaron las dificultades. Accedí a una galería colgada. Instale dos parabolts y fije la cuerda. Entusiasmado por la continuación eche un rápido vistazo y ¡bingo! la galería se bifurcaba en tres galerías más amplias. La más pequeña, a la derecha, desembocaba en el falso final del desfonde grande permitiendo cortocircuitar la instalación pendiente. Esta zona estaba sembrada de grandes bloques sobre un conjunto de plataformas a diferentes niveles. Enseguida se alcanzaba un desfonde más impresionante todavía. Una enorme chimenea procedente de las alturas cruzaba y se hundía en un salto de altura impredecible. Al otro lado la continuación de la Galería de la Rana resultaba evidente. Pudimos observar, sin duda, que era una galería meandrosa y profunda, de unos veinte metros de altura, con dificultades de tránsito.
Después de reunirnos comprobamos que las otras dos bifurcaciones conducían a un ancho pozo común. Manu se preparo para realizar un nuevo pasamanos en lo recién descubierto con las dificultades añadidas de la mala calidad de la roca, su verticalidad y su falta de rugosidades. Miguel y yo volvimos al inicio del desfonde para topografiar y coger más material.
Mientras Manu comenzaba su batalla personal, Miguel y yo comenzamos otra batalla también. Cada vez que tocabas el lápiz o el cuaderno lo pringaba todo de barro plastelinoso. La brújula y el clinómetro solo podían leerse si se usaba una luz lateral adicional, y el puntero láser requería un pulso notable. Sea como fuere conseguimos realizar la topo hasta el final del desfonde. Miguel (SCC) y Luis aparecieron cuando estábamos acabando y se encargaron de recoger algunas cuerdas sobrantes. Como Manu estaba bastante cansado cambiamos de tercio y comenzamos la instalación de un pozo que comenzaba en la base del resalte de acceso a la galería colgada.
Al principio nos pareció que el pozo iba a ser muy profundo. Bien pertrechado Miguel comenzó el descenso. Quince metros más abajo el estrecho pozo desembocaba en una caótica sala de medianas dimensiones tapizada de una fina capa de barro. Por un lateral de la sala pudimos bajar algunos metros hasta un balcón sobre otra sala caótica, pero enorme en ésta ocasión. Para esa hora Miguel (SCC) y Luis habían empezado a salir y Manu amenazaba con irse, así que Miguel y yo dejamos el trabajo y nos reunimos con todos los demás algo más allá del Pozo de la Rana. Salimos en poco tiempo sin echar ninguna carrera por las largas rampas de la mina.
Afuera caían finas gotas de lluvia. Fuimos a picar raciones con cervezas en el cercano bar La Gándara. Una bonita exposición de minerales rodea la pecera del bar. En la pecera siguen nadando tres pirañas que contribuyen a dar un toque peculiar al restaurante. Todo esto nos ayudo a olvidar rápidamente los barrizales de Udías. Sin embargo, a pesar de lo ingrato de la zona de exploración, nos dimos cuenta que estábamos enganchados a seguir explorando.
Una buen rato después, llegando a Puente de San Miguel, el coche de Manu dejo de funcionar. Una gran nube de vapor flotando sobre el motor indicaba que algo no iba nada bien. Por suerte un par de empujones permitieron meter la furgoneta verde en aparcamiento de la gasolinera. Allí dejamos a Manu, acompañado por Luis, esperando la grúa, mientras los dos Migueles y yo volvíamos a Monpía. Para la próxima ocasión quedaba descubrir lo mejor...

Ruido

Ruido (17/1/2010)
Por Antonio G. Corbalán

Lo opuesto al silencio es el ruido. Había mucho ruido. Ruido en la mente, ruido en tu interior y un paisaje ruidoso en si mismo. Todos los alrededores de Solviejo se habían transformado en una ruidosa plantación de eucaliptos. Un día gris y poco saludable encuadraba la situación.
El ruido no era más que un reflejo deformado del ruido cotidiano, ese rumor que nos acompaña y nos corroe sin cesar, y que aceptamos sin rechistar como si fuese equivalente al silencio. Los espeleólogos, Manu, Miguel, Julio, Luis, Alicia, Izaskun, Eva y yo, nos repartimos. Utilizamos el coche de Julio y el mío. Paramos en Solórzano, mientras los que iban en el otro coche compraban algún detalle de última hora y, ya juntos, continuamos hacia el alto que permite el paso hacia la Junta de Voto.
Hace más de diez años visite Solviejo varias veces. La pista de aproximación que utilizábamos acababa en una casa en la que vivía una familia de vaqueros. Las hijas eran muy guapas. Lo había olvidado todo salvo la fugaz imagen del padre y las hijas. Ahora existe otra pista que va bastante más abajo y que, aunque deje más lejos de Solviejo, permite que gran parte del sendero se haga llaneando.
No tomamos la pista que utilicé en aquella época, sino ésa otra. Había barrizales y meter las botas en los lodazales no me produjo placer alguno. Me pareció que la caminata perdía su belleza. Sin embargo la boca de la cueva me resulto igual de hermosa que la primera vez que la visité. Recordé un búho real que tenía su morada en alguna galería próxima a la entrada. ¿Que habrá sido de ese maravilloso amante del silencio? Quizás haya muerto de tristeza, o de viejo, o tal vez decidiese cambiar de vivienda huyendo del ruido de las excavadoras que preparaban el eucaliptal.
Lo primero fue encontrar la Torca Rayo de Sol. Cuando bajas al fondo del primer pozo a la hora adecuada y si el día es soleado un rayo de sol llega hasta el mismo suelo donde pisas. A veces algún arbolito raquítico lucha por sobrevivir en el fondo de la sima. Todas mis referencias habían desaparecido tragadas por el bosque de eucaliptos. Pero, por suerte, la vaguada donde esta la boca, que recordaba como clave de su localización, estaba ubicada por Miguel desde hacía poco. Al llegar a la vaguada tire, seguía mis recuerdos, para la derecha y aunque intuitivamente algo me decía que nos estábamos yendo demasiado lejos termine de subir el vallecito hasta que se abrió a un bosque de tipo autóctono. Así me quedo claro que la boca se encontraba bajando a la izquierda. Cuando llegué todo el grupo estaba junto a la fisura que da entrada a la sima. Se notaba que la habían ensanchado; además estaba instalado el primer pozo.
De vuelta en Solviejo comprobamos que las instalaciones del pozo de entrada eran impecables. Acero inoxidable y un par de argollas por descuelgue. Un pequeño roce inevitable podía considerarse sin importancia si solo se utilizaban las cuerdas para descender. La espera en las bajadas fue larga. Ocho personas, a poco que tarde cada una, son más de quince minutos. Pero para compensar se podía apagar la luz y contemplar, como en una gran pantalla de cine 3D, las evoluciones de cada espeleólogo que descendía. Luego nos fuimos a conocer la parte de la cueva que llaman “El Viaje Rápido”. Nos llevo hasta las tres y media de la tarde volver a la gran sala de entrada y vimos casi todos los rincones mostrados en la topografía.
Era la hora de comer pero había olvidado traer comida o, quizás más bien, no había traído comida por dejadez. Alicia, Julio y Luis me dieron algo. Fue más que suficiente. Quizás el silencio me alimentaba ese día.
Algunos deseaban volver a casa temprano y yo estaba entre ellos. Pero también quería reconocer con más detalle los pisos inferiores de Solviejo y eso no nos iba a llevar demasiado tiempo. Nos encaminamos hacia el pozo que cortocircuita la travesía clásica (ese pozo lo descubrimos hace años -por casualidad- la primera vez que preparamos la travesía Solviejo-Rayo de Sol) y después de bajarlo me di una vuelta por ese nivel. Creo que la travesía clásica también desemboca en esta zona pero no tengo claro donde exactamente. La topografía resulta algo confusa en algunos aspectos.
Mirando con reconcentrada atención la topo conseguí recordar los pormenores de la travesía. Para continuar bajamos un pocete de cinco metros y torciendo a la izquierda, enseguida dimos con Chocolate Crunch Series. Poco más allá un pozo descendente realiza la conexión con Rayo de Sol. Para mi los objetivos estaban cumplidos y hubiera salido tranquilamente mirando algunas ramificaciones, como la que lleva a la travesía clásica, o la del Pool Pitch. Pero la mayoría quería terminar la travesía. Julio, Manu, Izaskun, Eva y Alicia se quedaron para seguir y Luis, Miguel y yo volvimos hacia Solviejo. La pregunta que me hacía era si encontrarían puestas todas las cuerdas para salir por Rayo de Sol.
Ya fuera las luces naranja de un pueblo cercano generaban un ruido visual inaceptable. Observe el vuelo de unos murciélagos saliendo y entrando de la cueva. Sus suaves aleteos traían silencio a la noche. En la lejanía ya no oía el ruido del valle -machacón por la mañana- aunque tampoco escuchaba silencio. Me consolé pensando lo transitorio que es el ruido.
Al salir de Solviejo había retirado las cuerdas del pozo de entrada, error que enseguida hubo que remediar. Al cabo de un rato no muy largo oímos, desde la boca, a varios compañeros en el fondo de la Sala de Entrada. Manu y Alicia volvían porque no habían encontrado la cuerda del segundo pozo de Rayo de Sol. Los tres restantes se habían quedado a esperar para salir por el otro lado. A partir de este instante todo fue confuso. Miguel y Luis bajaron a poner una cuerda en Rayo de Sol, era ya de noche. Al cabo de un corto rato escuché voces más cercanas. La voz de Julio resultaba claramente distinguible en el fondo del bosque. Poco después estábamos todos reunidos de nuevo en la boca de Solviejo. Resulto que la cuerda si estaba puesta...
Volvimos a Solares directamente. Era algo tarde y, aunque el viento estuviera ausente por completo y las estrellas no se vieran, el ruido lo estaba invadiendo todo de nuevo.



16.1.10

Lagos

Lagos (Navidades del 2009)
Por Antonio G. Corbalán

28/12/2009

El agua transparente, cálida, profunda y calmada siempre ha sido uno de los principales motivos de mi existencia. Tocarla uno de mis principales placeres. Vosotros no lo podéis comprender de ninguna manera. Porque vosotros ni sois peces, ni lo habéis sido nunca. Aunque tal vez sí llegarais a serlo -en el futuro o en el pasado- podríais entender de lo que hablo (pensándolo bien, quizás alguno de vosotros haya sido un ser acuático en el futuro o en el pasado... o se haya metamorfoseado recientemente) Por esta razón, y no por ninguna otra, es por la que he tomado la determinación de encontrar el lago perfecto, un útero sin límites. Pero no os engañéis pensando que se trata de un placer táctil sin más: solo es la llave que abre el Viaje.
A lo largo de mi vida he visitado numerosos lagos que reunían algunas de las condiciones que, parcial o totalmente, debe reunir un lago perfecto: calided, transparencia, profundidad, calma... Si solo reúne alguna de ellas o solo las reúne de manera imperfecta -o parcial- entonces la búsqueda debe continuar. En esta búsqueda he visitado lagos en calma, profundos y transparentes, pero fríos, como el Lago del Alba o los Lagos Azules de los Pirineos. O como el Mar Rojo: profundo, increíblemente transparente y cálido, pero no en calma (al menos en su superficie) O como el Embalse del Quipar o el del Cenajo cálidos, profundos, pero no transparentes, ni calmados por completo. O como Fuente Kaputa a la que falta la transparencia. O como la Cámara de Privación Sensorial a la que falta la profundidad. Y muchos más que no nombraré ahora por falta de interés en darlos a conocer, incluso sabiendo que es muy difícil que alguno de vosotros n'dinen decida visitarlos.
El Lago de la Sima Destapada es casi perfecto: cálido, calmado, profundo... y transparente mientras no se rocen ni paredes ni los fondos. Pero llegar a este Lago tiene un precio elevado. Se encuentra a más de 230 metros de profundidad en una sima con algunos pozos estrechos y algunos pozos grandes. El Pozo Salva tiene 120 metros más o menos. En realidad esto carece de importancia para un espeleólogo medio. Lo que realmente eleva el coste de alcanzarlo es el simple hecho de que hace calor -más de 30ºC- y hay humedad -casi 100%-. Cuanto más abajo peores condiciones. El problema tiene poca importancia si no se realiza movimiento alguno, pero si quieres salir de la sima deberás ascender con esfuerzo mantenido. He aquí el quid de la historia: salir sin deshidratarse. Además deberás sacar todas las cuerdas que hayas puesto para bajar; pero llenas de barro.
Había estado hablando con Mavil para que me ayudase a instalar con cuerdas fijas -ya usadas un tiempo pero en buenas condiciones- la Sima Destapada. Esto ahorraría a cualquiera que desease bajar al lago la mayor parte del trabajo de poner las cuerdas y, sobre todo, el penoso trabajo de recogerlas y sacarlas. Mavil nunca había sido muy partidario de volver al Lago de la Destapada pero en esta ocasión lo cogí totalmente a contrapelo: estaba extasiado con las novedosas exploraciones en la Sima de Benís que iban a requerir varios equipos de espeleólogos durante varios días. Estaba claro que Mavil no había sido, ni era, un ser acuático. Lo que si conseguí de él fue el préstamo de las cuerdas necesarias para instalar la zona de entrada y la cabecera del Pozo Coke (15+30+15).
El lunes 28 decidí comenzar a realizar la instalación. Deseaba bajar al lago varias veces en las vacaciones de Navidad. Hasta la boca de la sima -en Isla Plana- me acompañaron porteando parte del peso Ananda y Marisa. En total llevaba dos sacas de cuerdas y otra mochila con material personal y mosquetones. Después de los preparativos al uso, el equipaje se redujo a dos sacas repletas y una cuerda en la mano. Deje algo de fruta y las llaves del coche al lado de la boca, me despedí de mis acompañantes y quede con ellos al cabo de pocas horas en La Azohía. De cualquier forma no pensaba herniarme. En cuanto pase el primer pozo (15 metros) me quede con dos sacas solamente y antes de llegar a la red intermedia una de ellas se había reducido algo (40 metros de cuerda aunque con 30 habría sobrado). Sudando de lo lindo rulé las sacas por la red intermedia hasta el Coke.
En la cabecera del Coke puse una cuerda de 15 metros que me permitió tomar tierra en un sendero terroso y unos escalones tallados en la pendiente me llevaron sin dificultades hasta el pasamanos sobre la cabecera de la gran rampa del Coke. Allí deje de utilizar mosquetones y fui anudando la cuerda a las argollas de acero inoxidable de las fijaciones. Cuando acabe esa cuerda decidí que ya había trabajado lo suficiente como para ganarme una buena cerveza fría. Subí hasta la red intermedia y escondí una saca y parte del material en un rincón. Las cuerdas de los pozos de entrada las retiré y escondí en lugares cercanos. Salí en muy poco tiempo. Me pareció una espléndida tarde pintada de infinidad de arbustos aromáticos. Habían reverdecido por las últimas lluvias en Murcia.
El bar Antípodas de la Azohía es uno de esos escasos lugares de la costa levantina que invitan a disfrutar como si estuvieras en una isla pérdida del Índico y no a escasos kilómetros de la cultura del ladrillazo. Mientras Ananda y Marisa volvían de la Torre de la Azohía me tome una cerveza con un plato de chopitos escuchando buena música y contemplando el atardecer. Había alcanzado un punto de silencio interior que disfrute mientras duro... calculé que me podían hacer falta algunos metros de cuerda adicionales, así que le pedí a Mavil unos metros de lo que había sobrado en la instalación y a Joaquín unos 10 metros adicionales para añadir donde hiciera falta.

30/12/2009
El martes no pude dormir apenas. Aburrido de dar vueltas en la cama salí rumbo a Mazarrón hacia las seis y media de la mañana. Clareaba cuando aparque en Isla Plana. Soplaba un fuerte viento del sudeste que había picado el Mediterráneo dándole un aspecto poco amigable. Pero el aparente fresco inicial se convirtió mientras subía en la temperatura perfecta. Estaba claro que al entrar tan temprano en la sima, por mal que se me diera, estaría saliendo antes del anochecer. Y esto incluía un cálido y tranquilo viaje en el lago de la Destapada. Me hubiera gustado la compañía de alguna persona-pez o de alguna que fuera consciente que había sido pez en el pasado o en el futuro, pero ninguna de esas personas estaba en condiciones de acompañarme. Así que empecé a sentirme muy solo. Un pez solitario en la sima Destapada.
Tras instalar las cuerdas que había dejado escondidas me coloqué en la cabecera del Coke en menos de media hora. Me deshice de parte de la ropa, recogí el material que había dejado preparado y comencé la tarea de instalar el resto del Coke. La parte dura consistió en pasar toda la cuerda por los nudos de las argollas. Utilicé también “cordinos” anudados -en doble o triple- a modo de mosquetones. El Pozo Salva fue mucho más pesado pues, aparte de hacer un calor sofocante que me hacia sudar profusamente, tuve que pasar mucha más cuerda para hacer los nudos en las argollas. Resultaba agobiante en ciertos momentos. En la instalación de la última cuerda, que estaba en condiciones de “alambrón”, fijé parte de los fraccionamientos utilizando también, como en el Coke, “cordinos” como mosquetón a las argollas. Por suerte la cuerda me dio justo para alcanzar el final del Pozo Salva. Allí cambié la batería de la linterna Stenlight que andaba muy renqueante. Esto me hubiera parecido una tontería en cualquier otra cueva pero en el fondo de la Destapada me sentía un pez solitario, casi perdido y sin luz. Cinco minutos después llegaba al lago.
Me deshice de todo el material para verticales y me desnude con cuidado dejando cada cosa bien colocada en su sitio. Puse una atención extrema en poner el casco de la Stenlight en el lugar adecuado para que se posase de forma estable e iluminase el máximo posible de la superficie del lago, y... me introduje en sus cálidas aguas con mucha suavidad para no remover los sedimentos de la playita.
No se cuanto tiempo estuve flotando placidamente allí. Me moví de un lado para otro mirando la insondeable negrura de sus aguas (realmente se ha buceado a -20 y sigue bajando) Hubiera seguido un tiempo indefinido, o aún más, pero de alguna extraña manera había en mí un fondo de inquietud irreducible. Algo no cuadraba en lo más profundo de mi conciencia. Aunque de cualquier forma ¿que significaba para mí indefinido, inquietud, cuadrar... en el contexto en el que me encontraba? ¿Como debía mirar los pensamientos que se agolpaban en sucesión aparentemente ordenada? ¿Era necesario tomárselos en serio o bastaba con tomar nota de ellos de forma descuidada? Llego un momento en que debí volver a la realidad circunstancial. Por muy lejos que hubiera viajado, estaba en el fondo de la Destapada y tenía que salir de allí. Deseaba salir y probablemente volver a entrar otra vez.
Para hacer más llevadero el proceso de ascenso había traído una toalla con la que secarme después del baño, pues secarse al aire es imposible en un ambiente de humedad 100%. El comienzo del ascenso, aun siendo vertical o volado, se me hizo muy llevadero pues la cuerda estática estaba bien instalada y casi no había chicleo. Tuve problemas en el tramo que había instalado con cuerdas dinámicas, a pesar de que dicho tramo estaba formado por rampas. Tome buena nota de cambiarlas a estáticas en cuanto fuera posible. La diferencia entre las elasticidades -el 2% de una estática y el 4% de una dinámica- se agudiza cuando la cuerda no desliza bien y se trata de zonas no verticales en las que el cambio de fuerzas es continuo. Sea como sea, salí del Pozo Salva y el resto del ascenso fue un agradable paseo.
A las tres y media emergía de la sima. La tarde se declaraba brillante y nítida. Volví tranquilamente a Alguazas y después de asearme, comer y descansar me fui al cine. No sabía si la siguiente vez bajaría al lago pero desde luego había que volver otra vez para sacar el material de Mavil

7/1/2010
Amaneció diluviando. No podíamos ir a ningún sitio al aire libre sopena de quedar empapados como sopas. De escalar ni hablar. Así que Joaquín se convenció con facilidad de que lo mejor era ir a rescatar las cuerdas de Mavil en la Destapada y, de paso, hacer un cambio de parte de las cuerdas dinámicas por el trozo de estática que nos había regalado mi amigo Antonio Dólera.
Salimos hacia allá sin prisas bajo una lluvia continua y muy cantábrica. Al acercarnos al Puerto de Mazarrón la lluvia cesó aunque las nubes oscuras y cargadas de agua seguían tiñendo el mar de un azul oscuro. Pero tuvimos suerte y alcanzamos la boca de la Destapada sin necesidad de utilizar los paraguas. Justo en ese momento se puso a llover y nos metimos al pequeño hall sobre el pozo para colocarnos los equipos.
Poco tiempo tardamos en alcanzar el Coke. Mientras me aligeraba de ropa Joaquin comenzó a bajar y yo le seguí en rápida sucesión. Justo al comienzo de las rampas del Coke me di cuenta que había olvidado el arnés de pecho y el puño Peztl. Pensamos en volver a por estas cosas, pero pensándolo mejor -dado que todo el trabajo iba a ser en las rampas- considere innecesario el puño Peztl. Era suficiente utilizar hábilmente el croll. En cinco minutos estábamos en el comienzo del Pozo Salva y en menos de media hora habíamos terminado el trabajo de cambiar la cuerda hasta el primer fraccionamiento, es decir unos veinte metros.
Subimos con facilidad y en la cabecera del Coke Joaquín me envió el arnés de pecho y el puño. Luego fuimos retirando todas las cuerdas de los pozos de entrada. Justo a unos diez metros de la salida Joaquín le echo un vistazo a una gatera inexplorada (Habrá que venir con un martillo para poder pasarla)
Al mediodía estábamos fuera. Pero ahora si llovía una lluvia que mojaba. Nos cambiamos y ordenamos todo el material en el hall del primer pozo, que andaba chorreando agua. Nos tuvimos que guarecer bajo los paraguas para llegar al coche. Y después de ponernos limpios nos encaminamos de un tirón hasta Alguazas para comer allí. Para otra ocasión quedaba volver al lago. Para otra ocasión cercana... y quizás acompañado de más peces...

6.1.10

Pasteles

Pastelerías (19/12/2009)
Antonio G. Corbalán
Udías - Luna Llena
Iba siendo hora de salir con mis compañeros del SCC. Los tenía muy abandonados y sentía un poco de culpabilidad. Tantas salidas a topografiar y explorar en Udías y ni una sola palmadita en la espalda por mi parte. Después de tantos años esperando a que hubiese iniciativas para practicar espeleología en el club y ahora que un grupo estaba planteando actividades yo ni portaba. Podía auto justificarme pensando en la gran diversificación que arrastraba desde hacía más de un año. Están como platos principales: el tema monotemático de la Red del Gándara, la equipación de vías de escalada en Caloca-Vendejo y la escalada en sí misma. Por otra parte las actividades social-espeleológicas con Espeleo50 de Madrid y los diversos viajes y compromisos que absorben una gran parte del tiempo libre. Además me apetece de vez en cuando no hacer nada o ir de turismo con otros grupos.
Me lié la manta a la cabeza y decidí entrar en harina a saco. A primeros de semana llamé a Manu, a Julio y a Juan para preparar la salida del sábado. El viernes por la noche nos juntamos en la sede del club y concretamos una salida para seguir las exploraciones al final la Galería de la Rana. Un gran desfonde o pozo barre la galería por lo menos durante 20 metros -según mis recuerdos- y deja vislumbrar al otro lado continuación o continuaciones. En principio solo Manu y yo íbamos a ir el sábado debido a la imposibilidad de Miguel, Eva, Luis, Julio, Juan y todos los demás. Pero definitivamente pudimos concretar también con Julio e Izaskun. Mientras se cocía esto a medio gas, estuvimos reunidos en el bar de enfrente del Polideportivo hablando del nuevo proyecto de sede del SCC. Junto con local para material, oficina, biblioteca y sala de reuniones también se proyecta un local de entrenamiento de espeleología y escalada. Así se aprovecha la antigua nave industrial de la empresa de Julio. Juan, y sobre todo Eva ofuscada por mal quedes anteriores, nos conmino a mover el culo y ayudar en algo. Además deberemos implicarnos a tope en el cursillo de este año.
Añoro un club de espeleología en el que la única actividad sea la espeleología. Muchos planes diferentes para poder engancharme a cualquiera de ellos -sin tener que reflexionar que vas a hacer- cuando llegas harto de la semana laboral y lo único que pretendes es perderte en el territorio más salvaje e inexplorado que se pueda imaginar sobre la tierra o bajo ella. Pero no es así; ahora deberemos ocuparnos de multitud de asuntos, algunos de ellos posiblemente relacionados con el dinero...

El sábado a las diez menos cuarto me junté con Manu en la gasolinera de Mompía. Esperaba ilusionado ver la nueva furgona de Manu pero trajo la vieja Expres de color verde manzana. Para consolarme me compré un periódico y continuamos hacia Puente de San Miguel donde habíamos quedado con Izaskun, Julio y Fernando. La temperatura oscilaba alrededor de los 3ºC. La nieve cubría el paisaje a partir de Torrelavega camino de Cabezón de la Sal. Tuvimos que esperar a Julio un buen rato en la gasolinera Shell. Había ido a coger carburo. Manu quería llevar dos coches por seguridad. Mientras tanto Julio llego y nos arrastro a desayunar en la cafetería de la gasolinera. Allí seguí leyendo periódicos.
Después de este lento proceso de aglutinación, continuamos hacia El Llano y las minas de Udías. A poca distancia de la entrada, en una buena explanada, pudimos dejar los coches. Los charcos estaban helados y la nieve recubría con una fina capa el entorno. Mientras se preparaba el percal repartí bultos. Finalmente harto de esperar partí hacia la entrada esperando un clima más benigno. En la primera bifurcación de galerías mineras me paré a esperar. No me acordaba del camino. Al cabo de diez minutos pude ver las lucecitas de mis compañeros en la lejanía de la galería. Torcimos a la izquierda. Seguimos por un confuso recorrido de galerías, algunas en cuesta y otras llanas, algunas con rieles de hierro y otras sin ellos, hasta desembocar en una escalerilla metálica que nos bajo hasta las galerías de cueva. De nuevo torcimos a la izquierda, es decir hacia el nordeste, y continuamos un kilómetro -o algo más- por un marcado sendero minero hasta un depósito de agua represado junto a unas coladas chorreantes. Hasta aquí vinimos caminando sin problema alguno. Para continuar nos pusimos los monos exteriores y los equipos verticales. El lugar donde comienza el ascenso del Pozo Pasteloso no es muy recomendable para cambiarse.
Cruzamos la galería principal y subiendo un corto resalte nos introdujimos en otra estrecha y alta galería. Algo antes de su final una gatera a mano izquierda nos puso en la base del Pozo Pateloso. Goteaba pero no era preocupante; solo algo incómodo. Me puse a subir frenético. Los dos fraccionamientos que tiene se pasan sin dificultades especiales. En la cabecera un pasamanos te permite salir hacia una cómoda galería a la izquierda. A los pocos minutos oí resoplar a Manu. Nos sentamos a esperar a los tres compañeros. Al cabo de una hora Manu estaba empezando a estar inquieto. Me fui a echar un vistazo a algunas desviaciones evidentes. Una hora después Manu estaba desesperado. Yo me puse a comer un minibocadillo de atún y avellanas con pan. Un buen rato después Manu me dijo que se iba a comer al comienzo de la Galería de la Rana donde el clima era más seco. Un buen rato después me acerqué a la cabecera del pozo en donde encontré a Julio e Izaskun en conversaciones íntimas. Mientras tanto Fernando luchaba a brazo partido por pasar el último fraccionamiento. Nos grito que no podía, pero el ánimo insuflado por Julio hizo mucho y pudo subir hasta arriba del todo todito.

Ya juntos proseguimos por la Galería Este y después de atravesar un largo pasamanos alcanzamos el comienzo de la Galería de la Rana donde encontramos a un Manu cabizbajo. De allí a la zona de exploración no nos detuvimos gracias a que pude convencerles de que al final había un lugar acogedor para comer. En realidad la zona donde íbamos a trabajar era una pastelería de barro con humedad por todas partes. Así que descargaron y se fueron a comer a otro lugar, y a ver las flores gigantes de yeso, con la firme promesa de que volverían a ayudarnos o nos esperarían en la bifurcación. Por nuestra parte comenzamos a ordenar el material y a prepara la instalación del pasamanos. Desde el principio fui consciente que la principal dificultad iba a ser los diez centímetros de barro que tapizaban todo por doquier.
Los cachivaches: equipo vertical completo, taladradora, brocas, mosquetones, saca con 50 metros de cuerda, equipo de espitar, llave, parabolts con la chapa puesta, etc... configuraban una indumentaria que en circunstancias normales hubiera sido meramente incómoda. Pero en las actuales circunstancias se convirtió en una pesadilla de película de terror. Me entro un agobio oscuro. Cada paso que daba por la cornisa significaba progresar más en un reboce uniforme de crema pastelera color mierda clara. Tarde mucho. Puse siete fijaciones hasta que conseguí llegar arrastrándome hasta un púlpito central que ocupaba el centro del desfonde. Sondeé con piedras y pellas de barro. Calculé unos 90 metros de pozo. Manu se reunió conmigo en el púlpito y juntos montamos el paso a la otra banda y a una galería lateral. Para ello equipamos un corto resalte desplomado. La galería acababa en una salita y una escalada corta -que no hicimos- permitía proseguir por una galería de modestas proporciones. De vuelta al desfonde principal Manu prolongo el pasamanos por la banda izquierda una fijación más. Y ya dimos por finalizada la jornada.

Después de pasar revista a la batalla, decidimos diseñar la retirada dejando un depósito con cuerdas, chapas y fijaciones. A pesar de eso llevábamos tres sacas. Esperábamos encontrar a nuestros tres compañeros esperándonos pero yo tenía algunas dudas. Las dudas se convirtieron en certezas cuando nos encontramos un cartel de plástico en el suelo que ponía: SALIMOS. Como no había nada que perder nos dedicamos a despellejar la imagen mental de nuestros compañeros. Un rato después les dimos alcance llegando a la cabecera del Pozo Pasteloso. Pudimos transferirles una saca y continuar relajadamente.
Bajamos el pozo en el siguiente orden: Manu, yo e Izaskun. Tuve un pequeño lío con las cuerdas en el primer fraccionamiento que resolví en poco tiempo a base de acrobacias.
Nos sentamos en la galería grande a esperar. Mientras tanto me quité el mono exterior cargado de barro... Íbamos haciendo apuestas sobre a que hora llegaríamos a los coches. Ninguno llevaba reloj y había cierta incertidumbre. Cuando llevábamos casi una hora sentados esperando nos empezamos a inquietar. Volví a la base del Pozo Pasteloso por ver si todo iba bien o si había ocurrido alguna desgracia. Por suerte Julio estaba en la base y Fernando estaba aterrizando. En pocos minutos nos pusimos en marcha hacia el exterior.
Ahora las cuestas eran hacia arriba y el cansancio del día se notaba un poco. Sin embargo Julio y Manu, haciendo gala de su excelente preparación física y de su abandono de ciertos vicios, se dedicaron a echar carreras cuesta arriba. Sin embargo al llegar a las galerías planas les dimos alcance.
Según nos acercábamos a la salida un chorro de aire helado nos iba calando en el cuerpo anunciando el clima exterior. Nos recibió una noche cuajada de estrellas y muy fría. Los coches estaban escarchados y las gomas de las puertas se habían pegado. Nos despelotamos -ya eran mas de las nueve y media- para cambiarnos de ropa pues no era cosa de entrar a los coches rebozados de barro. Finalmente pudimos sentarnos limpios y ordenados.
Al conducir, para poder ver algo y no estrellarnos, bajamos las ventanillas y asomamos la cabeza. Algo después la calefacción del coche pudo fundir el hielo del parabrisas y esto nos permitió caldear el coche cerrando los cristales. Nos fuimos a tomar algo caliente en la cafetería de la Shell en Puente de San Miguel. No nos planteamos ir a cenar ni zascandilear: todo el mundo se fue a su casa a entrar en calor y a dormir soñando con cosas agradables...

Gándara SW

SW (28-29/11/2009)
Antonio G. Corbalán
fotos

Ahora ya teníamos la sensibilidad adecuada para volver, aunque no la energía desbordante de otras veces. En esos días a menudo me mire en el espejo de las historias pasadas y vi alguien más despiadado que otros que me lo habían parecido a mí. Un poco más, comprendí la ley que nos devuelve lo que damos, pero eso me predispuso aún más a disfrutar del silencio.
Invité a Manu pero estaba reconcentrado en la labor de topografiar en Udías. Así las cosas, Miguel y yo nos encontramos en Ramales, había pasado cierto tiempo desde la última vez, para continuar juntos hacia La Gándara. Un viento salvaje, del Sur y frío se había adueñado del valle de Soba. Hasta que entré en la Cueva del Gándara -eran las diez y veinte-no me quité el anorak.

Note que Miguel estaba especialmente fuerte y motivado. Andábamos cerca del primer vivac cuando comprobamos una hora y media de cueva. Estuvimos, más o menos otra hora, muy entretenidos sudando el mono, para intentar localizar una continuación muy peculiar -que no encontramos- al sur de la Galería de Cruzille. Me tomé un zumito para reponerme.
Íbamos camino de la zona SW. Quizás de forma inconsciente, o descuidada, sin valorar la belleza de lo intacto, alguien había decorado con huellas de botas de pocero el sendero hacia la Red de la Lucarne. Habían roto la virginidad del paisaje subterráneo. No me queje, pues de nada iba a servirme, ni me dolió porque, de momento, había conseguido insensibilizarme. Además, pensé, la mirada también deja una huella, imperceptible pero real. Aunque lo más autentico sería encontrar un silencio sin huellas en la Gran Vía de Madrid a hora punta. Eso te haría más poderoso que Superman.

Más allá, las galerías que fuimos desgranando nos sorprendieron con hermosos regalos. Una red algo laberíntica, con ramificaciones y desfondes que duplicaban o triplicaban los caminos posibles, exhibía de vez en cuando paneles de flores de aragonito más delicadas de lo usual. O también flores de calcita en el suelo. Accedimos a una gran sala de la que nos escapamos por un hueco mínimo e improbable, a través de derrumbes al sur de la sala, yendo a dar a una amplia galería descendente hacia el este. Un brusco desnivel entre tierra y bloques nos elevó a un collado desde el que pudimos divisar la negrura de otra vasta sala. Dedujimos que era la Sala Muguet.
Después de comer nos movimos hacia la parte baja de la sala buscando la continuación. Casualmente encontramos el emplazamiento del vivac 2. Los franceses habían dejado una mesa, fabricada con una gran losa plana, y los spits necesarios para colocar varias hamacas retiradas unos quince metros -más o menos- de la zona social. Lo que no pudimos localizar fue agua -ni trazas- en las cercanías.
Juntos en soledad continuamos dócilmente recorriendo la gran galería del vivac. Tuvimos que ascender un resalte instalado de forma ingeniosa con un empotrador y un lazo a un saliente. Se notaba que el escalador francés que ascendió por primera vez el resalte era bueno trepando. Algo más allá encontramos en el suelo antiestalactitas. Es decir, la forma que dejaría una estalactita si se hiciese penetrar punta abajo en la arena y se barnizara interiormente el hueco que deja al retirarla de calcita cristalizada quitando luego toda la arena que rodea el molde. El aspecto final era el de una rara seta de roca. Tras un giro neto a la izquierda la galería se despeñaba por una empinada rampa. Una evidente instalación a la derecha permitía descender a una zona muy espaciosa. Abajo se oía un río pero decidimos no bajar y, como alternativa, ascender hasta una galería colgada que nos había llamado la atención, situada justo antes del comienzo de las rampas.
De común acuerdo decidimos que tras un breve vistazo a la galería colgada, volveríamos hacia la salida. La cuerda de ascenso -menos de quince metros- pasaba por un ojal muy chulo, como el hilo de una caña de pescar en su extremo. Miguel se entusiasmo con la nueva galería. El rumbo marcaba directo hacia el SW. No se trataba de una galería con tránsito fácil. Tuvimos que efectuar varios pasos atléticos y algo expuestos. Sin embargo las dimensiones iban aumentando. A la altura de una bifurcación en dos galerías paralelas pusimos nuestro final y dimos media vuelta. Nos quedo clara la idea de volver a mirarlo todo despacio, pero nos dimos cuenta que será necesario un vivac para tener un rendimiento razonable entre el tiempo de i/v y el tiempo de reconocimiento en la zona SW.

A la venida Miguel había insistido en que bajase hasta un desfonde para verlas. Y al volver paramos para hacer fotos a las flores de aragonito. Cuando, una hora y media más tarde, reentré en la zona trillada me empecé a notar torpe y cansado. No tenía empuje, pero, de todas formas, no paramos nada -salvo la espera en el Pozo de las Hadas-. La cabecera del pozo es el lugar ideal para reflexionar sobre la vida y la muerte. Tiene unas piedras cómodas para sentarse y se puede apoyar la espalda sobre una lisa pared vertical. Me paré a pensar sobre las grandes diferencias que percibía en mi mismo. Unas veces sobrado de energía y otras arrastrado como un papelillo flotante. Y pensé también en el preocupante estado de deterioro de las cuerdas y anclajes en toda esta zona; y en particular las chapas del pasamanos de bajada a la Sala del Ángel. Salvo los honrosos recambios de las cuerdas en el pozo mismo, creo que nadie ha cambiado ni cuerdas, ni chapas, ni maillons. Un día se romperá algo… y alguien.
Unas nueve horas después de entrar, ya de noche, salimos al exterior. Calor no hacía pero tampoco sentíamos frío. Recogí casi todo el material, el mono y todos los talabartes a la entrada de la cueva. Luego me di cuenta que había olvidado los guantes. No me inquieto apenas.. es posible que todavía estén la próxima vez que vayamos. Nunca se sabe.

Coverón W

Había insistido desde un mes antes en ir de cuevas con José Miguel para aprender sus técnicas fotográficas. El estaba dispuesto, pero si la cueva era fácil. Para tomarnos las cosas con calma quedamos finalmente el domingo a las 10 y ½ pues el tiempo no animaba a darse madrugones. La sorpresa fue encontrar a los perdidos Pablo y Noelia acompañando a José Miguel en la gasolinera de Solares. Los tres esperaban a Marisa, una reciente inscripción en el SCC. Sugerí que fuéramos en un solo coche los cinco pero José Miguel quería ir cómodo. Me fui con Noelia y Pablo en su nuevo coche.
Mientras nos acercábamos a Colindres la conversación giro alrededor de lo que puede esperarse del aprendizaje universitario. A Noelia solo le queda aprobar el último examen de Estructuras para acabar su larga carrera de ingeniería. No se lo que sentirá ella por sus estudios pero yo tengo la enorme suerte de saber que volvería a estudiar lo que estudié, y que mi pasión no haya disminuido ni un ápice. Como tampoco mi pasión por la vida.
Al pasar por Colindres vi un par de minutos a mi amigo Pepe con dos compañeros –uno de ellos el propietario del gran local de escalada Espacio Acción de Madrid-. Los invité a unirse al grupo de espeleólogos pero estaban entregados en cuerpo y alma a la vida familiar.
El tiempo frío amenazaba pero se mantuvo sin lluvias. Preferí ir abrigado por el anorak. El sendero que lleva al Coverón atraviesa una pequeña parte de uno de las mayores manchas de bosque costero original de Cantabria. El encanto de este rincón no tiene precio. Un claro en el bosque da paso, algo antes de llegar a la cueva, a un bosque de grandes robles y castaños. Helechos enormes jalonan un pequeño descenso hasta el hall de la cueva. En fin se trata de un lugar mágico. Como la cueva en sí.
José Miguel comenzó a hacer fotos. Del hall, de la rampa, de la gran sala desde abajo hacia la entrada... Me quede con la tarea de fotografiar al fotógrafo. Los sensores de radio son mucho más funcionales que la células fotoeléctricas y, en principio, disparan bien a grandes distancias. Hubo algunos fallos pero seguramente fueron debidos a causas fortuitas. No hubo intentos de fotografiar las grandes salas góticas del Coverón. Este es un reto mayor de lo que puede asumirse sin grandes preparativos.
Todos estaban animados a subir el resalte para seguir visitando la cueva. La instalación -una cuerda y una escala- es particularmente incómoda. Apareces arriba por una gatera resbalosa que se abre a una pequeña sala con un lago. De aquí a la gatera de acceso a las nuevas extensiones de la cueva hay solo un minuto. No hubo duda tampoco. Se animaron todos, pasamos la gatera ventosa y accedimos a las pequeñas galerías coquetas recientemente descubiertas. Allí fue donde más fotos hicimos
Desde esta muy peculiar zona comenzamos la vuelta poco a poco. Cuando salimos ya atardecía. La vuelta a Solares la hice con José Miguel y Marisa. Me pareció que MIguel se estaba animando de nuevo a hacer espeleología y quedamos para hacer más fotos -quizás en la red del Gándara- en un futuro próximo...