Hola amigos:

Espeleo50, es un colectivo de espeleólogos con mucha experiencia y federados en la FME.

Somos ya un poco maduritos, pero todavía con ganas de guerra.

Ahora ya podéis seguir nuestras nuevas aventuras en este blog.

Un saludo,

Espeleo50 team

22.2.09

Cortejos

(7/2/2009)

Tarde ya aparecí por el club el viernes y había mucha gente. Javier me dijo que pensaban ir a las Torcas del Picón en Matienzo y me apunte sin pensarlo. Fuera del Polideportivo las granizadas caían intermitentemente cuajando sobre la calzada. Nos trasladamos al bar a seguir con las charlas. Al poco llego Juan contándonos sus dificultades con la granizadas para volver desde Maliaño. Apunte la posibilidad de que el Alto de Fuente las Varas -paso obligado hacia Matienzo- estuviera con nieve el sábado. Al final quedamos en Solares a las nueve y media: Izaskun, Inés, Javier, Julio, Sergio, Miguel y yo.

Hace tan mal tiempo que estoy tentado de quedarme en la cama. Pero me sobrepongo al desánimo. Después de todo puede llegar a ser divertido. Llego a la cita y no hay nadie. Al poco recibo una llamada de Julio para avisarme que el punto de cita últimamente ha cambiado. Ahora es el bar Dogo; donde hoy se están desayunando a conciencia. Me hago un poco el remolón. No me apetece meterme en un bar. Siempre me ha parecido que comenzar una actividad entrando en un bar es ponerle plomos al barquito. Pero allí estoy yo mirando la deliciosa escena. Javier muy animado y Julio más que animado mientras Inés e Izaskun resplandecen de adoración y Miguel luce menos serio de lo habitual y Sergio revalida su infinita curiosidad y su anillo de plata.

No estaba claro lo de Matienzo. Decidimos ir por Solórzano e intentar pasar Fuente las Varas y en caso de no poder quedarnos en la Cueva del Torno. Al final del puerto una capa de dos dedos de nieve se impuso sobre nuestras dudas. Inés se encogió ante la blanca nieve y los demás no se si nos encogimos, pero preferimos lo cómodo. Dimos la vuelta -patinamos un poco para conseguirlo- y bajamos hacia Fresnedo. El tiempo nos dio unos breves instantes para cambiarnos y acercarnos a la boca del Torno. Mientras el grueso del pelotón esperaba Javier tuvo que bajar al coche para coger algo que se le había olvidado.

Somos siete pero, desgraciadamente, parejas hetero solo se pueden formar dos. Bueno en realidad no importa demasiado. Hay que asumir el cambio de roles. Si nos guiamos por las apariencias habría un par de dúos, aunque no se sabe muy bien su composición ni el desarrollo del proceso. Los tres restantes pueden formar combinaciones de tres tomadas de dos en dos. Sin embargo caben otras opciones más novedosas como tríos en las que quede incluido un dúo e incluso montárselo en plan pareja con uno mismo. La creatividad del grupo no puede quedar limitada por las estrechas fronteras del matrimonio tradicional. Sea como fuere proseguimos nuestra andadura hacia las entrañas de la tierra.

Mi propuesta fue ir a ver las galerías “grandes”. Pero para ello había que pasar unas cuantas gateras. No hubo ningún problema en las primeras. Pero cuando llegamos a Andy´s Back Passage tuvimos un pequeño amotinamiento en el grupo liderado por Inés, y secundado en menor medida por algunos otros. Dudaban de la “seguridad” de la zona por un pequeño riachuelo que circula en la parte baja de la galería. Les parecía que las lluvias podrían hacer crecer el nivel e inundar la gatera... No me tome en serio estas elucubraciones pero en la cabecita de algunas personas siguió haciendo efecto esta idea. Un poco amontonados visitamos Skull Chamber y la zona de Hysteria 69.

Me da que pensar la poca marcha que mostramos. Y me hace sospechar que casi ninguno tiene ganas de hacer espeleo. Sin embargo me consuelo estudiando la dinámica grupal. Formamos una divertida pandilla. Hemos vuelto a la adolescencia. O quizás nunca hemos salido de ella...Me quita un gran peso conocer esta verdad.

Tuve que parar un intento de destrepe de Sergio con muchas posibilidades de batacazo. Justo al lado de un resalte que se desciende por una escala nos zampamos los sandwiches que algunos compraron en el Dogo. Javier se durmió una siesta mientras papeábamos. Inés no comió nada y comenzó sola la vuelta con la expectativa de forzar la salida de todos. Pero se oculto a unos 30 metros a esperarnos. De cualquier forma comenzamos a volver enseguida y antes de las 3 estábamos fuera todos.

Por el norte se aproximaban negros nubarrones acompañados de rayos y aguaceros. Tuvimos la infinita fortuna que el tiempo nos diese una tregua. Nos apresuramos a cambiarnos de ropa a contrarreloj. Justo cuando arrancábamos cayó una tromba de agua con granizo que nos puso los pelos de punta. Bajando de Fresnedo hacia Beranga paramos en uno de los restaurantes con mejor cocido montañés (según las habladurías) El restaurante Arredondo tiene un comedor muy grande, con varias salas y una pecera. Allí comimos ensaladas, solomillos, chuletas y huevos pero nadie comió cocido. Lo mejor fue el postre: arroz con leche.
Ningún comensal puso traba a las fotos que les iba haciendo, salvo Julio: suele pensar que no sale bien. Sergio quiso hacerme alguna foto pero no le deje la cámara... suelo pensar que no salgo bien.

9.2.09

Campo Base

(30 y 31/1/2009)

Toda la semana dude entre mis deseos de entrar en la cueva del Gándara dos días seguidos o irme a disfrutar de la vida en Formigal. Pero lo que me decidió fue un golpe de intuición. Los misterios de la Red del Gándara atrayendo como un imán a algunos románticos chalados. El jueves por la tarde preparé el grueso petate. Como no cabía todo en la saca mediana fui metiendo los trastos en la de 60 litros. Dos flashes, el saco de plumas un plumífero ligero, un cacharro para calentar, el infiernillo, comida, un par de cantimploras, algo de ropa, la máquina fotográfica, dos trozos de cuerda cortos... Como colchoneta me hice con un gran plástico de burbujitas y lo puse hecho un paquete cruzado en la parte superior de la saca, bajo la tapa.
Zaca me llamo el miércoles para preguntarme que material hacía falta y poco después también me llamo Pepe. Zaca quería saberlo todo pero yo apenas pude decirle nada. Ni siquiera estaba seguro de cuanto íbamos a tardar al vivac y no quise darle un horario que, quizás, después no se cumpliese. El martes confirmé que Miguel iba a venir. Me compré una brújula barata de color rojo por 5€ en el estanco de Eroski. El viernes todavía tuve que ultimar algunos detalles. Por suerte ese día era la fiesta del maestro. A las siete y media de la tarde me reuní con Miguel en Ramales y continuamos hacia La Gándara en su coche. En el bar avise que íbamos a cenar un grupo numeroso. Seguramente huevos con patatas. Durante la cena exteriorizamos las típicas bufonadas machistas de un grupo de maduros liberados a tiempo parcial. Me llamo la atención, mucho más que otras veces, la mujer delgada y alta que lleva el bar. Me pareció elegante y fuera de lugar en este pueblo apartado.
Esperaba cuatro pero de Madrid vinieron cinco personas que, conmigo y Miguel, sumaron siete. Desde luego un grupo numeroso en que todas las maniobras de cuerda se prolongarían un poco más, pero realmente no teníamos prisa. Hicimos un tenderete bajo una farola frente al Hostal del Carrascal para organizar las sacas y equipos. Sin embargo los preparativos se alargaron más de lo debido y hasta las diez y pico no estuvimos en marcha.
Los pesados y voluminosos petates hicieron cansada la ruta hacia el vivac. A Pepe se le ocurrió la idea de llevar dos sacas pequeñas en vez de un solo bulto. Creo que se arrepintió de esa innovación que le hizo sudar de lo lindo. Lo más pesado fue el Delator. No obstante pasadas la una y media conseguimos llegar al campamento después de más de tres horas de dura caminata. Fuimos a coger agua a un arroyo cercano, preparamos las colchonetas y nos hicimos unas infusiones. Algunos se comieron varios bocadillos. Me entretuve en hacer algunas fotos con el trípode. Para evitar a los roncadores prepare la cama en el lugar más alejado que encontré aunque el pétreo silencio de las cuevas también es inquietante. Pero el lejano arrullo del riachuelo nos ayudo a dormirnos. De cualquier forma dormí bien y despertamos espontáneamente como a las ocho.
Estábamos desayunando antes de la nueve. Que yo recuerde Miguel, Hugo y Pepe se quejaron de haber pasado frío. De todas formas el clima de esta zona de la cavidad es más que soportable. Sobretodo si lo comparamos con el de la Sala del Ángel. Los preparativos para iniciar la incursión se alargaron hasta las diez. Un rato después de abandonar el vivac estábamos en el paso que encontré con Julio hace unas semanas. Después de sortear dos gateras pudimos salir por entre un caos de bloques a una galería de, al menos, unos 15X15 metros (probablemente la Galería de los Anestesistas) A pesar de sus dimensiones la galería se revelo con múltiples dificultades de tránsito por los bloques caídos, obligando a continuas subidas y bajadas y a sortear varios enormes derrumbes buscando el enrevesado camino. Con buen ojo Zaca fue colocando trozos de cinta luminosos para evitar los despistes a la vuelta. Y esto es lo que hubiera pasado debido a la cantidad de recovecos de la galería que, probablemente, daban paso a otras galerías o a recorridos alternativos.
A las doce alcanzamos un caos de bloques que tuvimos que subir por una estrechez llena de piedras inestables. Arriba unas plataformas nos condujeron a un hito bajo una galería colgada. Pero la continuación de la galería principal consistía en un abismo de veinte metros con una instalación muy chunga por la cantidad de piedra suelta. Bajando un poco más a la izquierda localizamos un destrepe que daba a una rampa de arena y piedras por la que ya no tuvimos ninguna dificultad para descender. Zaca, Miky y AntonioJ decidieron comenzar la vuelta desde aqui: dos horas al vivac, descanso y comida, y tres horas más hasta exterior. Su marcha me cogió por sorpresa pero vi razonable la decisión si no querían una jornada demasiado larga. Los restantes –Miguel, Pepe, Hugo y yo- continuamos la progresión con previsión de comenzar la vuelta hacia las dos.

La tónica dominante siguió siendo la misma. Tuvimos que instalar una cuerda para descender un resalte de unos diez metros en un punto en que la galería daba un giro neto hacia el oeste. Mientras Pepe montaba la instalación escale hasta las plataformas superiores del meandro y visite una galería tamaño pasillo que, al ir solo, abandone al cabo de un rato. Tras esta bajada tuvimos que buscar el camino entre bloques en varias ocasiones hasta que alcanzamos una proa sobre un desfonde. Volviendo atrás dimos con una ruta descendente y una instalación en volado de unos diez metros. Ahí paramos a comernos nuestras provisiones.
Hugo se quedo fumando y descansando bajo el resalte mientras los tres restantes seguíamos por la, ahora, cómoda galería. La anchura del conducto fue en aumento mientras que el techo se mantuvo a una distancia de unos tres o cuatro metros. Llegamos a una zona redondeada –aparentemente el final de la galería- pero enseguida encontramos dos continuaciones. La primera por el fondo de una pequeña dolina entre bloques. La dejamos para otra ocasión. La segunda por un lateral en el que desembocaba una colada con pequeños charquitos cuajados de cristales ortoédricos o triangulares y gordos como un terrón de azúcar. Con gran cuidado para no estropear el espectáculo, y siguiendo las huellas de los franceses, continuamos por una galería arenosa que se fue estrechando hasta convertirse en una zona de pasillos entrelazados de menos de un metro de ancho por tres o cuatro de altura. Echamos un vistazo a esta prometedora zona e inmediatamente iniciamos el regreso.
Encontramos a Hugo envuelto en una manta térmica. Tras unos breves preparativos continuamos hacia el campamento ascendiendo el resalte. Durante la vuelta los trozos de cinta luminosos revelaron su utilidad (el extraviarse en esta cavidad sería un problema muy serio) No tardamos tanto como a la ida gracias a éstos y a que todos los resaltes estaban equipados con sus cuerdas correspondientes.
En el campamento paramos a tomar algo y a recoger los últimos trastos. Deje algunas cosas básicas para otras ocasiones. El esfuerzo de volver resultaba poco atractivo porque el camino se me hacía demasiado conocido. El par de sacas de Pepe le martirizaron más de lo usual. En el Pozo de las Hadas escuchamos a un grupo que nos llevaba la delantera aunque no llegamos a contactar. Yo me dosificaba para no cansarme. Y Hugo, generalmente, nos llevaba cierta ventaja. Subió el primero el Pozo de las Hadas y en su precipitación continuo galería adelante, pasando por delante de la gatera que lleva hacia la salida sin prestarle atención. La suerte o el destino hizo que yo saliese del pozo poco después y que gritase ¡Hugo! para comunicarme con él. Me pareció que las dos primeras voces que me dio venían del sitio correcto -al este- pero a la tercera voz descubrí mi error: Hugo iba, realmente, hacia el oeste. Vislumbre su luz a más de 100 metros alejándose por la galería. Le grité para que volviese y me costo cierto trabajo convencerle de su error. Preferí no pensar demasiado en las consecuencias de una pérdida.
Zaca, Miky y AntonioJ estaban esperándonos en los coches. Como a las ocho y media bajamos hasta Ramales. Allí nos despedimos de Miguel que se fue a su valle. Los seis restantes nos acercamos a un restaurante de Colindres recomendado por Pepe. Sardinas asadas y cosas ricas. Pero estaba cerrado. Acabamos en La Parrilla de Hoznayo comiendo entrecots y solomillos con cervezas. A pesar de todo lo que había comido casi tenía hambre al final de la cena. Algunos hablaron de bajar la Torca del Carlista a finales de febrero. Pero no me comprometí a ir porque yo solo tengo ojos para una cueva: la del Gándara.

Laberintos II

(D/25/1/2009)
Como el huracán jodió la salida del sábado quedamos el domingo para volver a la Cueva del Torno (la ventaja de esta cueva es su cercanía a la carretera ya que desde el coche se tardan unos cinco minutos en estar dentro) Formábamos el grupo solo Miguel y yo. Julio, y la mayoría de los miembros del club, se fueron a Coventosa a preparar el cursillo de espeleo de este año. Fui con un paraguas -que deje clavado en la entrada- hasta la boca de la cueva. Como nuestros ancestros del Paleolítico, agradecimos el suave clima de la cavidad.

Nos enfrentábamos a resolver el enigma que la cueva nos había planteado en las dos incursiones anteriores: llegar a las grandes salas y galerías que tan evidentes son en la laberíntica topo. Esta vez traíamos un nuevo plan, fruto de nuestras exhaustivas lecturas de los reports del MUSS en su página web. En poco tiempo nos pusimos al comienzo del pasamanos –una media hora como mucho- y, a partir de ahí, fuimos mirando todas las posibles galerías a izquierda y derecha según íbamos avanzando por el meandro. Justo al final y a la izquierda localizamos la entrada de una gatera muy sobada y con pinta de ajustarse a las descripciones de los informes.
El acceso a Andy’s Back Passage comienza por una estrecha e incómoda gatera. Desde su final podemos visitar un conjunto, algo laberíntico, de pequeñas salas y galerías. Justo en la primera sala, y a nuestra espalda según entramos, una rampa que se trepa nos coloca en el comienzo de una pequeña galería, que se va estrechando progresivamente. Poco después nos encontrábamos en los aledaños de Skull Chamber. En menos de cinco minutos desde este punto se puede acceder al lugar donde fue encontrado el cráneo humano -que ya ha sido retirado para su estudio-. Una cinta de plástico protege la zona de excavaciones. Estábamos eufóricos. La galería presentaba un conjunto de banderas (o cortinas) que estuvimos fotografiando durante largo rato. Me di cuenta que el trípode que llevaba no era el adecuado. Utilizamos las técnicas de pintar la foto y a mano alzada.

Por la amplia galería avanzamos hasta la zona de Histeria 69 y The Posture of Progresión. Magnífico conjunto de hermosas galerías múltiplemente conexas, suaves curvas en las paredes, pendants y suelo arenoso. Al final una escala dejada in situ permite descender al nivel de Granny’s Slippers, conjunto laberíntico donde abundan las formaciones y los gours acuáticos. El entusiasmo nos llevo en volandas por todos los rincones y galerías que pudimos encontrar.
La continuación, algo liosa, nos obligo a pasar una cutre gatera con barrillo y agua. Así se llegaba a un meandro -de unos 4 o 5 metros de altura- por el que el avance no tuvo ninguna dificultad. En unos gours fósiles que había en un lateral nos comimos las provisiones y actualizamos los equipos. Poco después el meandro desemboco en una encrucijada de grandes galerías con algunos bloques de gran tamaño. Pusimos un hito para localizar el punto a la vuelta.
Primero fuimos, girando a la derecha, por un hermoso cañón hasta su final en una sala caótica. Hurgamos todas las posibles continuaciones, quedando una sin mirar debido a que había que arrastrarse por los charcos que formaba el agua de un arroyuelo. Se trataba del caos de bloques que obstruye la galería, pero se intuye una continuación al otro lado. A la vuelta descendimos un desfonde en el cañón que, por la topo, dedujimos que conducía a Torno Chamber. No seguimos por ahí debido a que había que destrepar una cascada con toda el agua cayéndote encima.
De vuelta a la encrucijada decidimos visitar el enorme meandro de Rampant Rabbit. El meandro es ancho y con grandes cornisas por arriba, permitiendo una progresión cómoda. En su centro un impresionante desfonde conduce un río de caudal importante. Al cabo de unos doscientos metros se puede seguir el meandro chapoteando por el fondo. Así llegamos hasta una zona en la que el río proviene de laminadores muy bajos. También le echamos un vistazo a dos desviaciones interesantes, pero sin recorrerlas a fondo.

A la vuelta Miguel siguió el río por abajo del meandro mientras que yo iba por arriba. Durante un largo rato nos perdimos el uno del otro. Estaba empezando a inquietarme y comencé a llamarle a gritos. Por fin me respondió desde el fondo del cauce: había encontrado el camino hacia Torno Chamber. Deje la saca arriba y bajé por un fácil destrepe. Seguimos río abajo. El río se había esfumado entre unos guijarros pero el meandro continuaba con iguales o mayores dimensiones dando revueltas y desembocando finalmente en la amplia sala que los ingleses llaman Torno Chamber. Justo a la derecha de esta entrada, a unos diez metros, desemboca el río en la sala, acrecentado con el que, nos pareció, debía ser el otro río importante de la cavidad recién unido a éste.
Dando la vuelta a la sala pudimos ver el acceso que habíamos dejado en la cascada. Conducía el arroyo por unos grandes bloques apoyados contra el techo en donde se observaba una gatera. Más abajo el río se sumía en una zona con guijarros imposible de seguir. Pero a su derecha un cauce fósil permitía avanzar algo más hasta una zona a desobstruir. Más allá, en nuestra vuelta, observamos un conjunto de formaciones aislado. Algunas estalagmitas mostraban un aspecto de huesos amarfilados. Nos sentíamos contentos con los hallazgos del día. Todavía quedaban bastantes cosas que visitar y algunas continuaciones por forzar pero nos dimos por satisfechos.
Salimos prácticamente de noche. En la bajada hacia el coche nos cruzamos con un caballo cojo. Hacía frío. Me quite el mono exterior y me puse el anorak. Mire en el móvil algunos mensajes. Conduje hasta Beranga. Miguel se quejo débilmente de un hombro pero no de la pierna. Me dijo que estaba algo cansado. Pasamos sus cosas al coche y nos despedimos. Quizás el fin de semana por venir nos encontraríamos con nuestros amigos de Madrid para reanudar nuestras visitas a la Red del Gándara.